A university knows only that it knows nothing
Endogamia universitaria, precariedad académica y crisis de movilidad en la universidad española
Academic Inbreeding, Precarious Employment, and the Mobility Crisis in the Spanish University System
La universidad española atraviesa desde hace décadas una contradicción estructural: mientras proclama la excelencia, la internacionalización y la meritocracia, buena parte de su sistema de contratación continúa funcionando mediante dinámicas de arraigo local, redes internas y baja movilidad académica. El problema no es únicamente ético; afecta directamente a la calidad científica, a la innovación y a la confianza pública en las instituciones universitarias.
Los datos son contundentes. Diversos estudios señalan que más del 40% del profesorado universitario trabaja en la misma universidad donde estudió, mientras que cerca del 70% obtuvo el doctorado en la misma institución en la que desarrolla actualmente su carrera académica. En algunos análisis del Ministerio de Universidades, el porcentaje de Personal Docente e Investigador (PDI) que permanece en su universidad de origen supera incluso el 73%. Esta realidad configura un ecosistema donde la movilidad continúa siendo excepcional en comparación con otros países europeos.
El fenómeno de la endogamia universitaria no es nuevo. Ya en 2014, un reportaje de El Pais documentaba cómo determinadas plazas parecían diseñadas “a medida” de candidatos locales, describiendo perfiles extremadamente específicos que coincidían con las líneas de investigación de personas concretas. El artículo recogía testimonios de investigadores y resoluciones judiciales que denunciaban conflictos de intereses, amistades manifiestas entre miembros de tribunales y procedimientos poco transparentes.
Más allá de los casos particulares, el problema reside en la estructura del sistema. Según los investigadores Luis Sanz-Menéndez y Laura Cruz-Castro, la endogamia reduce la productividad científica y favorece la inercia intelectual. La falta de circulación de investigadores limita la exposición a nuevas metodologías, escuelas de pensamiento y culturas académicas distintas. Dicho de otro modo: cuando una universidad solo se mira a sí misma, corre el riesgo de dejar de innovar.
En este contexto, la precariedad de los jóvenes investigadores agrava todavía más el problema. Muchos doctorandos y egresados de máster sobreviven mediante contratos temporales, becas fragmentadas o figuras laborales ambiguas que combinan docencia, investigación y gestión bajo condiciones económicas limitadas. La incertidumbre se convierte así en un mecanismo de dependencia jerárquica: quien necesita permanecer en el departamento para aspirar a una futura plaza difícilmente denunciará irregularidades o cuestionará determinadas dinámicas internas.
La propia cultura universitaria termina normalizando situaciones que, en otros sectores, resultarían problemáticas. No es extraño encontrar departamentos donde varios miembros pertenecen a una misma red académica o incluso familiar. Tampoco son infrecuentes las direcciones cruzadas de tesis, las promociones internas continuadas o la creación de perfiles excesivamente específicos. Aunque muchas de estas prácticas no sean necesariamente ilegales, generan una percepción social de falta de igualdad de oportunidades.
A ello se suma otro elemento menos visible, pero igualmente relevante: la discriminación ideológica o cultural. En ocasiones, investigadores que se alejan de las líneas dominantes de un departamento pueden quedar marginados de proyectos, tribunales o posibilidades de promoción. Estos sesgos pueden operar de forma consciente o inconsciente, afectando a quienes mantienen posiciones heterodoxas, críticas o alejadas de determinados consensos académicos internos.
La Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU) intentó introducir mecanismos correctores. Entre ellos destacan la exigencia de movilidad previa para acceder a plazas permanentes, la presencia mayoritaria de miembros externos en los tribunales y el mantenimiento de acreditaciones nacionales mediante la ANECA. Asimismo, se pretende favorecer la captación de talento internacional y reducir el localismo histórico de muchos campus.
Sin embargo, la aplicación práctica de estas medidas encuentra importantes obstáculos. La movilidad exige recursos económicos que muchos jóvenes investigadores no poseen. Cambiar de comunidad autónoma implica, además, pérdida de antigüedad, dificultades administrativas y, en algunos casos, barreras lingüísticas derivadas de los requisitos de lenguas cooficiales. España sigue mostrando una baja capacidad de atracción internacional: apenas entre un 3% y un 4% del profesorado de las universidades públicas es extranjero, muy lejos de los porcentajes de países como Reino Unido o Alemania.
Precisamente, los modelos europeos muestran alternativas interesantes. Alemania aplica desde hace décadas el principio conocido como Hausberufungsverbot, que limita la contratación de profesores en la misma universidad donde se doctoraron, salvo tras una trayectoria externa significativa. En Reino Unido, las plazas se publican en mercados internacionales altamente competitivos y la financiación universitaria depende en gran medida de la calidad investigadora obtenida. Francia, por su parte, mantiene sistemas nacionales de habilitación que penalizan el localismo y valoran especialmente la movilidad entre universidades.
El debate de fondo no consiste únicamente en impedir la contratación de doctores propios. La cuestión central es cómo construir una universidad verdaderamente abierta, competitiva y basada en criterios transparentes de mérito y capacidad. Sin movilidad real, sin estabilidad laboral y sin mecanismos eficaces de supervisión independiente, el riesgo es consolidar estructuras cerradas donde el talento externo encuentre cada vez menos espacio.
La universidad debería ser, precisamente, el lugar donde ninguna idea quede protegida por la costumbre ni ningún apellido pese más que el conocimiento. Porque una institución dedicada a la búsqueda de la verdad no puede permitirse vivir encerrada en sí misma.
Bibliografía (APA 7)
- Cruz-Castro, L., & Sanz-Menéndez, L. (2010). Movilidad y productividad científica del profesorado universitario en España. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
- García de Blas, E., & Mora, A. J. (2014, 24 de marzo). La endogamia enferma el campus. El País. El País - Endogamia universitaria
- Ministerio de Universidades. (2023). Datos y cifras del sistema universitario español. Gobierno de España.
- Mora, J. G. (2001). El gobierno y la gestión de las universidades públicas españolas. Revista de Educación, 324, 105-123.
- Sanz-Menéndez, L., & Cruz-Castro, L. (2003). Coping with environmental pressures: Public research organisations responses to funding crises. Research Policy, 32(8), 1293-1308.
- Universidad Sí. (2023). Los efectos perversos de la endogamia universitariaUniversidad Si
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