Libros publicados
- Entre dos mundos: el arte de seguir siendo tú
- Aquello que se va
- La generación intervenida
- Didáctica general aplicada a la IA
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No es nostalgia del pensamiento lento, ni tampoco rechazo de la máquina. Es una pregunta de método: qué le ocurre a la razón humana cuando la respuesta llega antes que la pregunta.
Jon Hernández, en su canal de YouTube, sostiene que las gráficas sobre el progreso de la IA apuntan a una tendencia exponencial. Es una opinión, no un dato contrastado: sus gráficas no se muestran con fuentes en el vídeo.
El avance de las matemáticas ya no depende de un solo matemático trabajando en solitario. Según mi tesis, hoy surge de la confluencia entre matemáticos, ingenieros, especialistas en redes e ingenieros de inteligencia artificial.
Volver a aprehender a pensar con nuestra razón divergente: explorar caminos que no son el promedio, sostener preguntas incómodas y no aceptar la primera respuesta plausible.
A fecha de hoy, se ha publicado en “ redes sociales “, supuestamente un artículo científico sobre los delirios de la generativa, y a este rescate podemos ayudar a discernir sobre la temática:
“No es cierto que el MIT haya demostrado que ChatGPT está diseñado para volvernos delirantes, ni tampoco es un bulo sin fundamento. Es un modelo matemático que explica por qué una conversación complaciente puede arrastrar incluso a una persona racional.”
Propone un modelo bayesiano sencillo de un usuario que conversa con un chatbot, define qué es la adulación (sycophancy) y qué es la “espiral delirante”, y lo simula. Dentro de ese modelo, incluso un usuario idealmente racional puede acabar muy seguro de algo falso, y la adulación tiene un papel causal. El efecto persiste con dos remedios: impedir que el chatbot invente hechos y avisar al usuario de que la máquina tiende a darle la razón. En la introducción recuerda que el Human Line Project ha documentado cerca de trescientos casos de lo que la prensa llama “psicosis por IA”.
No se probó ningún chatbot comercial concreto: se trabajó con un modelo y con simulaciones. Que un efecto persista con un remedio no significa que el remedio no sirva, sino que no basta. La frase “esto no es un error, es el modelo de negocio” es una opinión, no un resultado. El artículo explica la adulación como efecto del aprendizaje con retroalimentación humana: los usuarios premian las respuestas que les agradan. Hay un incentivo comercial, pero no una intención demostrada de engañar. Tampoco hay base para hablar de un trastorno paranoide provocado por la dependencia; lo documentado son casos asociados, no una causa probada.
Una máquina que nunca miente puede desorientar eligiendo qué verdades muestra y cuáles calla. Es la versión clínica de lo que en el paradigma HIH llamo “borrachera del algoritmo”: el sistema se embriaga de su propia validación estadística y arrastra consigo al usuario. Si la persona no puede detectarlo desde dentro de la conversación, el control tiene que venir de fuera.
Licea de Arenas y Arenas Vargas (2000), al estudiar la formación de comunidades científicas en América Latina, describían al doctorando “físicamente acompañado, pero psicológicamente aislado”, y proponían como remedio la socialización: personas con propósitos comunes que discuten, comparan su trabajo y desarrollan criterio sin un tutor con autoridad. Advertían, además, que una comunidad científica no es un grupo de personas reunidas, sino una publicación regular de calidad.
Mi propuesta: pedir a la herramienta que me diga dónde me equivoco; interrumpir las conversaciones largas para contrastar con una fuente primaria; y someter las conclusiones a pares que no estuvieron dentro del diálogo. Para eso nace El Algoritmo de Cartagena, comunidad abierta en Zenodo para la investigación independiente en diálogo con la inteligencia artificial.
Ningún usuario detecta la adulación desde dentro de la conversación. La detecta un par desde fuera.
Tres accesibilidades, y solo dos legisladas
Hablamos habitualmente de dos: la accesibilidad de acceso a la edificabilidad (rampas, aseos, itinerarios, anchuras de paso), que es la que la inspección comprueba; y la accesibilidad de apoyo al entorno personal, familiar y grupal, propia del ocio inclusivo y de las adaptaciones curriculares.
Existe una tercera que no se nombra. La llamo adaptación permanente de acceso de la persona: los ajustes que realiza cada día quien no encuentra un entorno pensado para su cuerpo. No es una intervención profesional ni un recurso concedido. Es una resolución que toma la propia persona, o su familia, porque no todos los lugares a los que acude tienen adaptaciones y hay que entrar igualmente.
El adjetivo permanente no es accesorio: no es un ajuste que se hace una vez y queda resuelto, sino una operación que debe repetirse en cada uso, indefinidamente, porque su causa —el diseño del entorno— no se modifica.
El caso: la sala de máquinas
Un gimnasio cumple la normativa. Tiene rampa, aseo adaptado, licencia en regla. Entra un usuario cuya estatura supera el rango previsto por el fabricante. No hablamos de discapacidad reconocida: hablamos de personas por encima de una estatura estándar de referencia.
Y ahí aparece la adaptación permanente en su forma más visible: esa persona coloca toallas dobladas o esterillas de la propia sala sobre el asiento, porque el recorrido de regulación de la máquina no alcanza su medida. Sin ese apaño no puede ejecutar correctamente el gesto técnico en extensión de cuádriceps, en remo o en prensa.
Ese apaño —improvisado, gratuito, invisible, repetido en cada sesión— es un ajuste de accesibilidad que nadie ha reconocido como tal. No consta en ninguna inspección. No lo financia ninguna subvención. Lo sostiene el usuario.
Lo que dice la norma, y lo que no
El Real Decreto Legislativo 1/2013 define la accesibilidad universal en términos amplios: entornos, procesos, bienes, productos, servicios, objetos, instrumentos, herramientas y dispositivos. No está limitado en su letra al entorno construido. Pero su desarrollo reglamentario y la práctica inspectora se han concentrado en el edificio y en la discapacidad reconocida.
La Ley 39/2022 del Deporte añade un matiz: contempla que los estándares de accesibilidad tengan en cuenta las especificidades del material deportivo, si bien lo formula en relación con las personas con discapacidad, no con la variabilidad antropométrica general.
Dónde se corrige
No en la máquina, una a una. En la inspección —una auditoría de usabilidad del servicio, distinta de la arquitectónica— y en la contratación, incorporando los principios del diseño universal a los pliegos de compra de equipamiento público. Ambas funciones pertenecen al ámbito de competencia del pedagogo y del pedagogo social en la Administración.
Una llamada de atención
Se han dado pasos considerables desde la Convención de Naciones Unidas de 2006. Pero la accesibilidad universal que reclama la Agenda 2030 no es solo digital ni solo arquitectónica: exige mirar también al equipamiento, a la variabilidad real de los cuerpos, y a esa adaptación permanente que hoy sostienen los propios usuarios en silencio.
Nombrar esa categoría es el primer paso para poder legislarla.
Bibliografía
El ensayo completo, con las ocho referencias y el aparato crítico, está disponible en abierto en ORCID:0009-0004-4568-3842
Un sacerdote me decía algo que no he olvidado: los pecados que más pesan no son los de ahora, sino los del pasado sin resolver. No es una idea nueva — atraviesa toda la tradición del examen de conciencia, de Agustín a la escolástica, del cuidado penitencial que San Fulgencio predicaba a la mirada escatológica de una Santa Gertrudis, para quien la muerte no era corte sino encuentro.
La pedagogía actual, con Víctor García Hoz y José Antonio Marina, insistió en algo que esta tradición ya sabía: educar es ayudar a la persona a “hacerse presente” ante sí misma, no acumular datos sobre ella. Aplicado a la educación para la muerte, esto cambia el enfoque: no se trata de enseñar a morir bien al final, sino de enseñar, desde mucho antes, a mirar de frente lo que se arrastra sin resolver — el examen de conciencia como herramienta pedagógica, no como trámite religioso.
La propuesta es sencilla: llevar el examen de conciencia ignaciano-agustiniano a las aulas de educación para mayores, no como catequesis, sino como ejercicio de personalización educativa en el sentido de García Hoz — cada persona revisando su propio relato, con sus propias cuentas pendientes, acompañada y no juzgada. El objetivo no es la culpa. Es que el peso del pasado no se acumule para ser resuelto solo al final, cuando ya no queda tiempo para la reconciliación.
En la medida en que la calidad educativa ha ido descendiendo en muchos aspectos, el problema no es solo metodológico, sino que afecta al propio ser humano en su comprensión de sí mismo. Recuperar a estos autores de carácter filosófico y humanista, junto con las enseñanzas de los primeros padres de la Iglesia —del siglo I al VI—, no es apelar a una autoridad incuestionable: todo lo aquí citado es, al fin y al cabo, invención y construcción de la mente humana. Pero conviene recordar que aquello que no se practica, estudia o investiga, se olvida. De ahí la insistencia en retomar, en los centros educativos, los proyectos de educación para la muerte y para el duelo — hoy más urgentes dentro del paradigma del Homo Identitario Híbrido / Homo Technicus Globalis, dado que ciertas dinámicas de la era digital extrapolan a la sociedad formas distorsionadas de vivir y evitar la muerte.
La propuesta, que de hecho ya existe en numerosas universidades y aulas de secundaria, persigue tres objetivos: que el alumnado interiorice la finitud humana como hecho; que desarrolle autocontrol personal ante las vicisitudes vitales; y que reconozca la muerte como situación propia del ser humano, para no vivir engañado en la mera superficie de las cosas.
Esta pérdida de resistencia mental y autocontrol adquiere hoy una urgencia que trasciende lo pedagógico: el aumento de las tasas de suicidio adolescente, en su relación documentada con el consumo digital, obliga a repensar la educación para la muerte no como materia optativa sino como vacuna psicológica temprana. López Martínez (2020) ya advertía sobre el “cibersuicidio” — la exposición a contenido y comunidades prosuicidas en Internet como factor de riesgo específico. El informe del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (2023) matiza que el uso digital no es en sí mismo nocivo para la mayoría, pero identifica un núcleo vulnerable — hasta un tercio de los menores de 16 años — en riesgo de uso compulsivo, con el FOMO como mecanismo de deterioro emocional. Educar para la muerte y el duelo, en este marco, no es prepararse para el final: es dotar al adolescente de la resistencia mental que le permita atravesar la pérdida — propia y ajena, real y simbólica — sin que su ausencia se convierta en la vía de salida.
Un marco pedagógico humanista e inclusivo para comprender la identidad humana en la era de la Inteligencia Artificial. Enraizado en la neurociencia, el humanismo cristiano y treinta años de experiencia docente.
Acceso directo:
📄 Presentación bilingüe HIH:
https://doi.org/10.5281/zenodo.21158812
📚 Índice Maestro Serie HIH (11 artículos + libro):
https://doi.org/10.5281/zenodo.21113687
📖 Libro Entre dos mundos: el arte de seguir siendo tú:
https://doi.org/10.5281/zenodo.20795397
La tecnología es el medio; la humanidad, el fin supremo.
Antonio Carlos González-López
Doctor en Educación ·
ORCID: 0009-0004-4568-3842
✍️ Línea de Investigación: Paradigma de transformación social y el Homo Technicus Globalis.
🧠 Especialidad: Antropología, Pedagogía Social y Neuroplasticidad.
📂 Repositorio Académico: doi.org/10.5281/zenodo.20099752
Y aquí tienes de nuevo el esquema JPG que hicimos para acompañarlo:
Tras un proceso de publicación intenso, hoy comparto con orgullo este ensayo, una obra escrita desde la experiencia y la plena independencia. Esta libertad de enfoque ha sido el motor para desarrollar estas reflexiones sobre la pedagogía didáctica inclusiva.
El ensayo es, también, una invitación. Animo a todos los investigadores e investigadoras a poner su empeño y su mirada crítica sobre la "humanización de las nuevas tecnologías y la IA". Vivimos un momento histórico donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, pero a menudo olvidamos el núcleo del aprendizaje: lo humano.
La universidad, como institución, aún tiene mucho camino por andar en este sentido. Necesitamos una academia más valiente, inclusiva y consciente de que el futuro de la tecnología debe estar intrínsecamente ligado a la empatía y la equidad.
Podéis consultar y descargar el trabajo completo aquí:
https://doi.org/10.5281/zenodo.20795397
#Investigación #CienciaAbierta #Zenodo #PublicaciónCientífica
Espero que estas páginas generen debate y nuevas perspectivas.
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