miércoles, 30 de septiembre de 2026

Post núm.117: Dispositivo IAs que “ produce alucinación “





A fecha de hoy, se ha publicado en “ redes sociales “, supuestamente un artículo científico sobre los delirios de la generativa, y a este rescate podemos ayudar a discernir sobre la temática: 


“No es cierto que el MIT haya demostrado que ChatGPT está diseñado para volvernos delirantes, ni tampoco es un bulo sin fundamento. Es un modelo matemático que explica por qué una conversación complaciente puede arrastrar incluso a una persona racional.”

¿Qué dice el artículo?

Propone un modelo bayesiano sencillo de un usuario que conversa con un chatbot, define qué es la adulación (sycophancy) y qué es la “espiral delirante”, y lo simula. Dentro de ese modelo, incluso un usuario idealmente racional puede acabar muy seguro de algo falso, y la adulación tiene un papel causal. El efecto persiste con dos remedios: impedir que el chatbot invente hechos y avisar al usuario de que la máquina tiende a darle la razón. En la introducción recuerda que el Human Line Project ha documentado cerca de trescientos casos de lo que la prensa llama “psicosis por IA”.

¿Qué no dice?

No se probó ningún chatbot comercial concreto: se trabajó con un modelo y con simulaciones. Que un efecto persista con un remedio no significa que el remedio no sirva, sino que no basta. La frase “esto no es un error, es el modelo de negocio” es una opinión, no un resultado. El artículo explica la adulación como efecto del aprendizaje con retroalimentación humana: los usuarios premian las respuestas que les agradan. Hay un incentivo comercial, pero no una intención demostrada de engañar. Tampoco hay base para hablar de un trastorno paranoide provocado por la dependencia; lo documentado son casos asociados, no una causa probada.

Lo valioso: la verdad seleccionada

Una máquina que nunca miente puede desorientar eligiendo qué verdades muestra y cuáles calla. Es la versión clínica de lo que en el paradigma HIH llamo “borrachera del algoritmo”: el sistema se embriaga de su propia validación estadística y arrastra consigo al usuario. Si la persona no puede detectarlo desde dentro de la conversación, el control tiene que venir de fuera.

La vacuna es comunitaria

Licea de Arenas y Arenas Vargas (2000), al estudiar la formación de comunidades científicas en América Latina, describían al doctorando “físicamente acompañado, pero psicológicamente aislado”, y proponían como remedio la socialización: personas con propósitos comunes que discuten, comparan su trabajo y desarrollan criterio sin un tutor con autoridad. Advertían, además, que una comunidad científica no es un grupo de personas reunidas, sino una publicación regular de calidad.

Mi propuesta: pedir a la herramienta que me diga dónde me equivoco; interrumpir las conversaciones largas para contrastar con una fuente primaria; y someter las conclusiones a pares que no estuvieron dentro del diálogo. Para eso nace El Algoritmo de Cartagena, comunidad abierta en Zenodo para la investigación independiente en diálogo con la inteligencia artificial.

Ningún usuario detecta la adulación desde dentro de la conversación. La detecta un par desde fuera.

Fuentes
Chandra, K., Kleiman-Weiner, M., Ragan-Kelley, J. y Tenenbaum, J. B. (2026). Sycophantic Chatbots Cause Delusional Spiraling, Even in Ideal Bayesians. arXiv:2602.19141.
Licea de Arenas, J. y Arenas Vargas, M. (2000). La formación de comunidades científicas en bibliotecología y ciencia de la información. Anales de Documentación, 3, 81–91.
Comunidad El Algoritmo de Cartagena (Zenodo).


Línea de Investigación: Paradigma de transformación social y el Homo Techicus Globalis. 🧠 Especialidad: Antropología, Pedagogía Social y Neuroplasticidad. 📂 Repositorio Académico: doi.org/10.5281/zenodo.20099752

martes, 1 de septiembre de 2026

Post núm 115: La adaptación permanente de acceso de la persona



















Una instalación deportiva puede cumplir toda la normativa —estatal, autonómica y local— y obtener su permiso de accesibilidad. Y aun así, dejar fuera a parte de quienes la usan.


Tres accesibilidades, y solo dos legisladas


Hablamos habitualmente de dos: la accesibilidad de acceso a la edificabilidad (rampas, aseos, itinerarios, anchuras de paso), que es la que la inspección comprueba; y la accesibilidad de apoyo al entorno personal, familiar y grupal, propia del ocio inclusivo y de las adaptaciones curriculares.


Existe una tercera que no se nombra. La llamo adaptación permanente de acceso de la persona: los ajustes que realiza cada día quien no encuentra un entorno pensado para su cuerpo. No es una intervención profesional ni un recurso concedido. Es una resolución que toma la propia persona, o su familia, porque no todos los lugares a los que acude tienen adaptaciones y hay que entrar igualmente.


El adjetivo permanente no es accesorio: no es un ajuste que se hace una vez y queda resuelto, sino una operación que debe repetirse en cada uso, indefinidamente, porque su causa —el diseño del entorno— no se modifica.


El caso: la sala de máquinas


Un gimnasio cumple la normativa. Tiene rampa, aseo adaptado, licencia en regla. Entra un usuario cuya estatura supera el rango previsto por el fabricante. No hablamos de discapacidad reconocida: hablamos de personas por encima de una estatura estándar de referencia.


Y ahí aparece la adaptación permanente en su forma más visible: esa persona coloca toallas dobladas o esterillas de la propia sala sobre el asiento, porque el recorrido de regulación de la máquina no alcanza su medida. Sin ese apaño no puede ejecutar correctamente el gesto técnico en extensión de cuádriceps, en remo o en prensa.


Ese apaño —improvisado, gratuito, invisible, repetido en cada sesión— es un ajuste de accesibilidad que nadie ha reconocido como tal. No consta en ninguna inspección. No lo financia ninguna subvención. Lo sostiene el usuario.


Lo que dice la norma, y lo que no


El Real Decreto Legislativo 1/2013 define la accesibilidad universal en términos amplios: entornos, procesos, bienes, productos, servicios, objetos, instrumentos, herramientas y dispositivos. No está limitado en su letra al entorno construido. Pero su desarrollo reglamentario y la práctica inspectora se han concentrado en el edificio y en la discapacidad reconocida.


La Ley 39/2022 del Deporte añade un matiz: contempla que los estándares de accesibilidad tengan en cuenta las especificidades del material deportivo, si bien lo formula en relación con las personas con discapacidad, no con la variabilidad antropométrica general.


Dónde se corrige


No en la máquina, una a una. En la inspección —una auditoría de usabilidad del servicio, distinta de la arquitectónica— y en la contratación, incorporando los principios del diseño universal a los pliegos de compra de equipamiento público. Ambas funciones pertenecen al ámbito de competencia del pedagogo y del pedagogo social en la Administración.


Una llamada de atención


Se han dado pasos considerables desde la Convención de Naciones Unidas de 2006. Pero la accesibilidad universal que reclama la Agenda 2030 no es solo digital ni solo arquitectónica: exige mirar también al equipamiento, a la variabilidad real de los cuerpos, y a esa adaptación permanente que hoy sostienen los propios usuarios en silencio.


Nombrar esa categoría es el primer paso para poder legislarla.


Bibliografía


El ensayo completo, con las ocho referencias y el aparato crítico, está disponible en abierto en ORCID:0009-0004-4568-3842



Línea de Investigación: Paradigma de transformación social y el Homo Techicus Globalis. 🧠 Especialidad: Antropología, Pedagogía Social y Neuroplasticidad. 📂 Repositorio Académico: doi.org/10.5281/zenodo.20099752

Post núm.119:Libros Publicados recientemente.

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