Un diálogo con mi médico que me hizo reflexionar sobre quién diseña la tecnología y para quién…
El problema que nadie nombra
En pleno debate sobre la quinta revolución industrial, la inteligencia artificial y la sociedad líquida, hay un colectivo que sigue quedando sistemáticamente fuera: las personas con derechos humanos por la discapacidad.
No hablo solo de barreras arquitectónicas o de transporte. Hablo de accesibilidad digital, la gran olvidada.
Las herramientas cambian cada dos semanas. Las interfaces se rediseñan sin criterios universales. La inteligencia artificial, tan celebrada, aún es incapaz de adaptarse a realidades como la fatiga crónica, los mareos, la imprevisibilidad de un cuerpo con necesidades específicas.
Y esto le ocurre incluso a profesionales con alto nivel cultural. Doctores. Investigadores. Personas que han dedicado su vida al conocimiento y que, por edad o enfermedad, ven reducidas sus capacidades sin que la tecnología les ofrezca un verdadero acompañamiento.
Un diálogo que lo cambió…
Precisamente hoy he visitado a mi médico de cabecera. Es un profesional hispano-latinoamericano, de origen español-cubano. Un hombre que se viste de pies a cabeza. No por solo por su afabilidad, sino por respeto a la consulta, al paciente, a la medicina.
Gracias a él tengo un seguimiento minucioso. Fue quien me descubrió patologías que conviven en comorbilidad con otras de índole personal.
Él ya no está en su país de origen, pero está en otro de su misma lengua y ha alcanzado una buena posición profesional. Y lo ha hecho gracias a unas competencias que van mucho más allá de las lingüísticas: competencias científicas y tecnológicas avanzadas, propicias para el uso no solo de la accesibilidad a la realidad cotidiana, sino también a la realidad virtual y la realidad aumentada aplicadas a la medicina, lo social y lo personal.
Hoy hablábamos de pruebas diagnósticas: resonancias magnéticas, tomografías, TAC. Él las analizaba desde el punto de vista clínico. Y en medio de la conversación surgió una digresión que me dejó pensando.
Le comenté : "Para ser un chaval tan joven, usted domina las herramientas tecnológicas propias de esta cuarta revolución industrial, camino ya de la quinta."
Y entonces me contó algo que no sabía. Cuando él estudió en su país, carecían de muchos medios tecnológicos. Se usaba mucho más la clínica que el radiodiagnóstico. La mirada, la escucha, la exploración manual. Hoy, con todo el avance, él no ha perdido esa base clínica. Al contrario: la ha potenciado con la tecnología.
Y ahí está la paradoja.
Un médico que se formó sin medios hoy domina la realidad virtual aplicada a la medicina. Y yo, doctor en Educación, con acceso teórico a todo el ecosistema digital, me encuentro con que la tecnología no está diseñada para mi cuerpo cansado, para mis mareos, para mi fatiga.
Si él pudo adaptarse y además triunfar en otro país, ¿por qué la industria tecnológica no es capaz de diseñar pensando en las personas con derecho a la accesibilidad virtual por discapacidad?
Lo que falta: una tecnología para todos
No faltan declaraciones de intenciones.
Faltan:
· Herramientas que funcionen sin internet para quienes tienen mala cobertura o movilidad reducida.
· Interfaces estables que no cambien cada actualización obligando a reaprender.
· IA que escuche y se adapte a la fatiga cognitiva, no que la exija.
· Diseño universal desde el primer minuto, no como un parche posterior.
La tecnología o es para todos, o no es revolución. Es solo ruido.
Una llamada a los que deciden
Esto no es una queja estéril. Es una constatación. Y es una llamada a diseñadores, programadores, legisladores y responsables tecnológicos:
Sin accesibilidad real, no hay revolución industrial que valga.
Bibliografía recomendada
Sobre accesibilidad tecnológica y discapacidad:
1. AgileMotion (2024). Herramienta de Realidad Virtual Inmersiva para entrenamiento de habilidades sociales en personas con discapacidad. Universidad Nacional de La Plata [citations:4][7].
2. Proyecto cuidAR (2025-2026). Bienestar personalizado y accesible mediante inteligencia artificial y realidad extendida. AIJU e ITI [citations:3][5][6].
3. Tour Salud 360 (2025). Aplicación de realidad virtual para desensibilización sanitaria en personas con discapacidad intelectual. Fundación Caja Navarra .
4. ADD Informática (2025). Solución inteligente con IA y realidad aumentada para el cuidado sociosanitario. CDTI y FEDER .
5. Proyectos REMDE y DEBIO (2024). Humanos virtuales para detección temprana de síntomas depresivos. Universitat Politècnica de València.
Nota: Este artículo ha sido redactado con apoyo de inteligencia artificial. Las ideas, el análisis, la experiencia personal y las posturas críticas son exclusivamente del autor. Además, podemos ver imperfecciones en la imagen. Dado se necesita un entrenamiento personal para dar a la IA un protomps concisos. También , los textos generados dan errores de redacción académica universitaria, ortografía u otros. Sin embargo, son herramientas digitales diseñadas para enfocarse en la didáctica y divulgación científica.
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